1898 - La mano del Coloso
Volumen I / Número 3

Sinopsis detallada y Respuestas a algunas preguntas insistentes de nuestros lectores

Nota: En esta sinopsis se incluyen detalles que no aparecen publicados en el Cuaderno

Sus órdenes posteriores fueron de anejarse al viaje de diplomacia extraoficial que José Canalejas estaba por dar a Estados Unidos y a Cuba, de paso por París, en cumplimiento de una misión discreta a pedido directo de Sagasta, quien esperaba pronto encabezar el gobierno.

El propósito de la gira de Canalejas era, por un lado, tratar de convencer a Betances, y por su medio, al Partido Revolucionario Cubano, de la conveniencia, para todas las partes, de adoptar un proceso evolucionario, no revolucionario, hacia la independencia, comenzando con la implantación de un régimen autonómico en Cuba y Puerto Rico. Aprovechó para tratar de sobornar a Betances ofreciéndole dinero, mucho dinero, a cambio de su cooperación. Betances, que se refiere a él como “Canallejas”, lo botó de su despacho.

Cuando el doctor Betances lo echó de su despacho,

ya el emisario de Sagasta, José Canalejas, iba de camino

al fracaso en sus gestiones de corrupción.

De París salió para Nueva York, donde tuvo que reconocer el fracaso de esa gestión, ya que en esa ciudad el liderato cubano rehusó recibirlo. El mensaje de Betances sobre sus gestiones precedieron su llegada y a los cubanos ni les interesaba hablar con él.

Aturdido y deprimido por su fracaso, y todavía abatido por la pérdida de su esposa, Canalejas se desatendió de otras gestiones que tenía en la agenda como resultado del otro propósito de su gira —conferenciar con algunos allegados a la recién electa administración de William McKinley para hacerle llegar el mensaje de que era mejor negocio negociar que pelear.

Por hallarse indispuesto para asistir a unas de estas conferencias, Alfonso, quien simulaba ser el valet de Canalejas —(Sagasta recibió el mensaje de que si quería llegar al gobierno debía instruir a Canalejas que cooperara con el agente)— lo sustituyó. Se trataba de una cena con un abogado de corporaciones, algunas de las cuales tenían negocios en Cuba.

Después de un comienzo algo incómodo —el abogado se sintió desairado de que Canalejas hubiera enviado un asistente en su lugar— la cena terminó siendo un éxito rotundo. El abogado de marras era Elihu Root, quien, encantado con la velada, le dejó una tarjeta a Alfonso en la que lo invitaba afectuosamente a comunicarse con él sobre cualquier propósito, en cualquier momento.

Al enterarse de la gestión de Alfonso, Canalejas se puso lívido de la rabia, además de estar atravesando las horribles consecuencias de haber sobrepasado su capacidad de ingerir whiskey yanki.

Después de enfriarse, Canalejas decidió tenderle una trampa a Alfonso, y con la asistencia de su amigo, el embajador de España en Washington, D.C., Enrique Dupuy de Lôme, lo humilló públicamente.

Alfonso se desligó de la compañía, partió para Tampa, donde se familiarizó con los tabaqueros cubanos en Yborg City, y luego viajó a Cuba, donde trató de penetrar los grupos revolucionarios.

En La Habana se enteró de la presencia de Canalejas y decidió cobrar la ofensa. Simuló un atraco a Canalejas, al cual él llegó sorpresivamente en su defensa. Canalejas, desconcertado, quedó muy agradecido y avergonzado que un hombre que él trató con tanto desprecio hubiera arriesgado su vida por defenderlo.

El resultado es que bajó la guardia y lo acogió en su confianza, la cual aprovechó Alfonso para desquitarse la humillación sufrida en Washington. Junto a unos cubanos, se apoderó de una carta comprometedora que Canalejas había recibido de Dupuy de Lôme, y la canalizó hacia los grupos revolucionarios. En unos pocos días la carta, en la que el embajador se mofaba del Presidente de Estados Unidos, se publicó en la prensa amarilla de Nueva York. Cayó sobre Canalejas el bochorno de haber sido de su posesión que salió esa carta, y sobre Dupuy el grave pecado diplomático de haberla escrito. La carta alimentó el furor anti español en Estados Unidos y Dupuy se vio obligado a disculparse públicamente y dimitir a su cargo. Alfonso logró su propósito y la afrenta estuvo ampliamente vengada.

Nos enteramos de todo esto porque un operativo de la inteligencia del movimiento revolucionario cubano había secuestrado a Alfonso y lo interrogaba brutalmente. Escuchamos a Alfonso ofrecer su versión de los hechos, con el propósito de congraciarse con los cubanos, pero en paralelo nos vamos enterando de los verdaderos acontecimientos.

Finalmente, los cubanos se cansaron de golpearlo, y algo confundidos e inseguros de si estaba mintiendo o diciendo la verdad —¿quién puede mentir sufriendo tantos golpes?— decidieron advertirle que lo estarían vigilando, y a continuación, achocarlo y dejarlo sin sentido, tirado en un callejón de La Habana.

Cuando Alfonso recuperó el conocimiento, salió a la calle, todo ensangrentado y con la cara desfigurada. Iba dando tumbos como un borracho, lo que no le extrañó a nadie ya que La Habana estaba en medio del carnaval.

Se encontró un puro en el bolsillo, y se acercó a un celebrante carnavalero para pedirle lumbre. En el momento que trata de encender el puro, salió disparado por el aire como consecuencia de una enorme explosión en la bahía de La Habana.

Había volado el USS Maine.

Pregunta: ¿Quién es Elihu Root y qué ocurre en su cena con el espía español?
Respuesta: Elihu Root es un personaje histórico. En el momento en que aparece en este episodio es un exitoso abogado de Wall Street, muy bien conectado con círculos poderosos de la política, los negocios y las finanzas. La cita de él con Canalejas es pura invención nuestra, como lo es la cena con el espía. Ésta no será la última vez que Root aparezca en estos episodios. Regresará más adelante como un personaje muy importante de esta historia.

Pregunta: ¿Quién es José Canalejas y cuánto de lo que aparece publicado en el Cuaderno es verídico?
Respuesta: José Canalejas Méndez fue un político español, que abandonó su republicanismo para ingresar en el partido Liberal de Sagasta, luego de la restauración borbónica. Ejerció varios cargos ministeriales en diferentes turnos al gobierno de ese partido. Trabajó como periodista y fundó en 1890 El Heraldo de Madrid. Mientras esperaba por recibir instrucciones de la Reina de formar un gobierno, después de la muerte de Cánovas, Sagasta lo envió como agente político suyo a tratar de negociar la aceptación de la autonomía por parte de los cubanos y de la administración McKinley. En esas gestiones visitó a Betances en su despacho en París y trató de sobornarlo. El revolucionario puertorriqueño se refería a él como “Canallejas”. Su misión fracasó rotundamente, pero durante esas gestiones se produjo el escándalo de la carta del ministro Enrique Dupuy de Lôme que fue extraída de los archivos personales de Canalejas mientras éste se hallaba en Cuba. Ejerciendo el cargo de Ministro de Gobierno, murió asesinado por un anarquista de 26 años, llamado Manuel Pardinas Serrato, el 12 de noviembre de 1912.