1898 - Muere la Esperanza
Volumen II / Número 5

Sinopsis detallada y Respuestas a algunas preguntas insistentes de nuestros lectores

Nota: En esta sinopsis se incluyen detalles que no aparecen publicados en el Cuaderno

En los últimos días de España en Puerto Rico se rumoraba a diario sobre la inminente invasión yanki. Muñoz, para la impaciente irritación de Macías, le insistía al gobernador general que le brindara las armas para ayudar a repeler los yankis.

Molesto, Macías le dijo que atendiera más el peligro que significa tener a Ruiz Bassen tan cerca de él y que le dejara el problema de los yankis a los españoles. Macías había investigado a Ruiz Bassen y había hallado información muy negativa sobre él cuando estaba en Marruecos. Además, sospechaba que era un agente de alguna potencia europea, posiblemente Alemania, tal vez de Estados Unidos. Se le sospechaba, además, por la muerte de un ex oficial del gobierno español, don Ignacio Silva.

Como resultado del bloqueo naval yanki, en Puerto Rico todo escaseaba. Amenazaba el hambre a los sectores más desposeídos, pero aún a la gente más adinerada se les hacía muy difícil encontrar víveres. Cenando en casa de Alfonso, Muñoz se sentía atribulado con las palabras de Macías. La abundancia de víveres en la mesa de Alfonso le causaba aún más consternación.

Muñoz decidió confrontarlo, pero Alfonso muy hábilmente le admitió solamente lo necesario para restaurar la confianza del político puertorriqueño, a la sazón, jefe del gabinete autonómico y del partido de mayoría.

Milagros de la Esperanza estaba en las últimas semanas de un embarazo que había resultado ser muy difícil.

Había turbulencia en el País. Las contradicciones y conflictos sociales que habían permanecido, durante siglos, aplastados por el autoritarismo español, en el momento que la capacidad de los españoles de retener esa autoridad, se hallaba en entredicho, ahora llegaban a la superficie y se hacían cada vez más violentamente evidentes.

El movimiento obrero daba pasos audaces de organización y preparación para los cambios que se avecinaban.

En el campo, el hambre y la destitución movían a las poblaciones de campesinos sin tierra a procurarse el alimento a como diera lugar, y a ajustar las cuentas con quienes les habían quitado las tierras ancestrales.

En uno de esos confrontamientos violentos, don Vicente fue acorralado y despedazado a machetazos. De la altura vinieron a avisarle a los Ruiz Bosque en su casona de Ponce. Milagritos se puso en mal estado con la noticia, y Alfonso salió inmediatamente para la finca.

Encontró a don Vicente en muy mal estado. Las heridas se le habían infectado y estaba desarrollando complicaciones muy serias. Alfonso lo dejó a cargo del médico y salió en búsqueda de los asesinos.

Esa misma noche los encontró y los liquidó, pero él no salió ileso de la matanza. Recibió una herida de bala de una de sus víctimas, lo que le impidió salir a tiempo del lugar donde estaban por estallar varios cartuchos de dinamita.

La explosión lo lanzó por el aire y cayó muy maltrecho en la espesura.

Cuando su caballo llegó solo a la finca, una partida de rescate salió en su búsqueda. Regresaron al tiempo con un cuerpo todavía con vida, pero en muy mal estado.

El médico que atendía a don Vicente, que en el interim había fallecido, le prestó los primeros auxilios y lo preparó para transportarlo a Ponce.

Al llegar a su casa y Milagros ver su aspecto, y encima de eso enterarse que su padre había muerto, entró, a su vez, en una crisis muy seria.

Mientras tanto había llegado a Ponce un espía yanki, con una misión del general Nelson Miles. La misión consistía en explorar la zona sur de la Isla y evaluar la bahía de Guánica como un posible escenario de una expedición militar. El espía recibió la asistencia esmerada del cónsul británico en Ponce.

Cuando Alfonso recuperó los sentidos se enteró de que su esposa estaba en problemas serios con su alumbramiento. Alfonso le dio órdenes al médico de poner toda su atencion en salvarle la vida a ella.

Alfonso logró, eventualmente, inspeccionar toda su correspondencia. Entre los sobres había un cablegrama. Al leerlo, se dio cuenta que provenía de Günter —que todo este tiempo había estado tratando de interrumpir la misión del espía yanki, y si posible, liquidarlo. El cable le indicaba, con una palabra sencilla, que la invasión yanki se iniciaría por el sur de la Isla.

Alfonso trató de advertírselo a Muñoz, pero ya la suerte estaba echada.

La expedición ya había zarpado. En ruta, el general Miles, sorpresivamente, cambió los planes. Originalmente su escuadra suponía juntarse con la que llegaría de Norfolk en algún punto al noreste de San Juan. La invasión habría de ser por Fajardo.

Ya en ruta hacia Puerto Rico desde Santiago, Miles ordenó a su escuadra, en contra de la oposición del capitán de la nave insignia, a dirigirse hacia Guánica.

Su estrategia sorpresiva le brindó buenos resultados. Tomó a los españoles —que lo esperaban por Fajardo— totalmente de sorpresa. Desembarcó sus tropas y pertrechos sin oposición el 25 de julio de 1898.

Ocupó a Yauco y a Ponce, esperó refuerzos, y al cabo, marchó sus ejércitos, poco a poco, en una maniobra de encerramiento, hacia San Juan.

En el camino, repartió comida a los hambrientos y trabajo con sueldo a los desocupados. Su misión era ocupar la mayor porción de la Isla como le fuera posible antes de que se materializara el armisticio que ya estaba en proceso. Marcharía sus “ejércitos libertadores” por la Isla y de paso se ganaría “las mentes y los corazones” de los nativos.

En un zarpazo tardío y mezquino, Macías mandó a arrestar a un Alfonso que estaba sumamente maltrecho. Le exigió que confesara ser un traidor a España y lo lanzó en un calabozo del castillo San Felipe del Morro “hasta que confiece o le caigan encima las bombas de los buques yankis”.

Pregunta: ¿Qué tiene de cierto lo del espía yanki?
Respuesta: Esto es lo que se conoce. El 12 de mayo de 1898, el teniente Henry Whitney, graduado de West Point y especialista en técnicas de inteligencia militar, observó desde el buque corresponsal Anita el bombardeo de San Juan por parte de la escuadra del almirante Sampson. Regresó en esa misma embarcación a Carlota Amalia, entonces en las Islas Vírgenes danesas, y de allí zarpó en el Andarose, un buque de la marina mercante británica con destino a Ponce. Con $60 consiguió del capitán inglés toda la cooperación que pudo necesitar, incluyendo la de hacerlo pasar por parte de la tripulación del barco —alimentaba carbón en sus calderas— cuando en Ponce subió a bordo una patrulla de la Guardia del puerto para inspeccionar su contenido. Unos periodistas indiscretos en Estados Unidos habían publicado la presencia del espía en un barco inglés en ruta hacia Puerto Rico y las autoridades españolas estaban alertas. Utilizando varios disfraces, Whitney recogió inteligencia detallada de las defensas españolas en toda la Isla, concentrándose en el Sur, particularmente en la bahía de Guánica. Este trabajo de espionaje le permitió a Nelson Miles a cambiar sus planes expedicionarios con éxito. Esta misión le ganó a Whitney una promoción al rango de capitán y el puesto de aide-de-camp en la expedición de Miles para conquistar a Puerto Rico.