Encabezado de Ficha El Antillano
 

El Kulturkampf

Índice de fichas

África

Alemania
La proclamación del Imperio
La política dentro del Imperio
El Kulturkampf
El Partido Social Demócrata
La modernización desde arriba
El militarismo
El ocaso de Bismarck

Azúcar

Betances

Ceuta y Melilla

España

Estados Unidos

Imperialismo

Inglaterra

Islamismo

Magnicidio

Opio

 

La política interior de Bismarck giró sucesivamente en torno a varios asuntos que él sospechó que podían afectar su dominio conservador y autoritario de toda la nación. El primero fue lo que él percibía como la creciente influencia católica en Alemania. Al incorporar los estados del sur, incorporó también grandes poblaciones católicas. En el primer Concilio del Vaticano, en 1870, se declaró el dogma de la infalibilidad del Papa, que propone que, cuando el jefe de la Iglesia Católica habla sentado en la silla de San Pedro, sirve de intérprete de Dios a los humanos, y, por lo tanto, todos los católicos están sujetos a obedecerlo so pena de pecado mortal.

El Papa Pío IX, cuando no estaba peleando

por las propiedades terrenales de la Iglesia

Romana, se sentaba en la silla de San Pedro

y Dios usaba su boca para hablarle a los humanos.

Durante su papado, se estableció la doctrina

de la infalibilidad del Papa.

Algunos católicos alemanes rehusaron otorgarle esa autoridad al Papa, y los fieles católicos, organizados en el partido del centro, exigieron que estos apóstatas fueran marginados de sus puestos y cargos que ocupaban a merced de pertenecer a esa agrupación. Bismarck se negó a penalizar a unos alemanes fieles al Imperio que rehusaban someter esa fidelidad a un dirigente que, además de sus funciones espirituales, se distinguía por la pasión con la que abordaba el combate terrenal por sus bienes raíces y por sus alianzas con Francia y con Austria —los rivales en aquel momento del imperio alemán— en defensa de sus estados papales. El partido del centro, que agrupaba a los católicos alemanes, lo atacó fuertemente en el Reichstag y en la prensa.

Bismarck no perdió esta oportunidad para lanzar una campaña dirigida a recortar la creciente influencia de los católicos en el Imperio. Además de entender que el crecimiento católico podía quebrar la unidad nacional y opacar la identidad protestante de la nacionalidad germánica (a Lutero se le veía como uno de los padres fundadores de la nación), Bismarck dudaba de la fidelidad con Alemania de unas poblaciones que podían identificarse religiosamente con Francia y con Austria, los dos principales rivales de Alemania en esta época, siendo ambas naciones católicas. Cuando el papa Pío IX excomunicó a los alemanes que rehusaron aceptar el dogma de su infalibilidad, Bismarck tomó la ofensiva. Le llamó a su campaña el Kulturkampf ("la lucha por la cultura"), y la definió como una lucha por la definición cultural del imperio alemán.

La lucha ideológica en la que Bismarck se enfrascó

con la Iglesia Romana probó ser más compleja de lo

que el Canciller de Hierro se hubiera imaginado.

A los ataques del partido del centro, el Canciller respondió retirando al representante alemán del Vaticano y con la expulsión de las órdenes religiosas católicas romanas, excepto las que se encargaban de los enfermos, las cuales puso bajo la dirección del estado alemán. Estableció, además, una serie de medidas anticlericales, como el control de las escuelas católicas por el estado y el carácter obligatorio del matrimonio civil. En Prusia, se tomaron medidas aún más severas.

Bismarck contó, en este episodio, con la ayuda de los liberales, que simpatizaban con aquella parte del Kulturkampf que representaba una política de separación de la iglesia y el estado. Muchas de las medidas, no obstante, eran de claro corte discriminatorio y represivo, dirigidas exclusivamente a usar el poder del estado para debilitar a un rival político, lo que no contó con el apoyo de grandes sectores del electorado, y esto le revirtió la fortuna al Canciller. En 1876, con todos los obispos alemanes en prisión, o expulsados del país, con 1,400 parroquias sin sacerdotes, el Partido del centro, aún así, duplicó sus votos en la Dieta prusiana, y aumentó considerablemente su representación en el Reichstag.

El Papa León XIII trató de adaptar

la Iglesia Romana a las realidades

materiales que imponía el dominio

general de la burguesía y el capitalismo

en Europa y América.

Para evitar males mayores, Bismarck decidió dar marcha atrás, y aprovechó la muerte de Pío IX y la instalación de León XIII como el nuevo Papa para iniciar, en 1878, negociaciones directas con el Vaticano, que dieron como resultado la progresiva desaparición de todas las medidas restrictivas sobre la Iglesia Católica, excepto la expulsión de los jesuitas, la inspección estatal de las escuelas y el matrimonio civil. Ésta fue la primera gran derrota del canciller prusiano.

En una caricatura de la época, León XIII

compara sus zapatillas de San Pedro,

representando el poder ideológico de la Iglesia

Romana, con las botas militares de Bismarck.

 

Esta ficha fue revisada en 07.01.08 10:21 PM

 

 

Fichas relacionadas:
Nosotros queremos integrar a nuestro público en la apreciación de esta información histórica. Si desea aportar a ésta con comentarios, cuestionamientos o dudas, éstos serán bienvenidos. Escríbanos a betances@mspr.net, y los atenderemos en nuestro próximo Boletín.

Estas páginas tienen un propósito puramente educativo. Empleamos referencias visuales extraídas de diferentes fuentes impresas y del internet. Si usted tiene algún derecho sobre estas referencias que quiera ejercer, cumpliremos con el mismo inmediatamente. Por favor comuníquenos su reclamo a betances@mspr.net. Gracias.