Encabezado de Ficha El Antillano
 

Antagonismos entre plantadores británicos y comerciantes de las Trece Colonias

Índice de fichas

Azúcar
Introducción al tema
Datos de la historia
De los árabes al mundo
El azúcar promueve la esclavitud y el capital
El impulso imperialista y el azúcar
Auge del binomio Portugal & Holanda
Las facciones burguesas en Inglaterra y el azúcar
Antagonismos entre plantadores británicos y comerciantes de las Trece Colonias
Las destilerías y refinerías en las Trece Colonias
La Ley Azucarera y la Revolución de las Trece Colonias
Las luchas por el dominio del mercado azucarero de Europa
El mercado azucarero británico y la dieta del proletariado inglés
Le sucre de canne
La sociedad colonial de Saint Domingue
Los esclavos de Saint Domingue
Los cimarrones de Saint Domingue
Las rebeliones de esclavos y cimarrones en Saint Domingue y el caso de Mackandal
La esclavitud en Saint Domingue, los abolicionistas franceses y la insurrección de Ogé
Vudú y revolución

África

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Betances

Ceuta y Melilla

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Imperialismo

Inglaterra

Islamismo

Magnicidio

Opio

 

Después de prohibirse la refinación de azúcar en las colonias británicas, la única actividad manufacturera que se les permitió a los planteros británicos fue la destilación de ron.

Las mieles son un subproducto de la purga del azúcar crudo. Esa es la materia prima de la destilación del ron y de otros espíritus. El ron penetró el mercado del imperio británico, y sus producciones de mejor calidad, elaboradas cuidadosamente y añejadas en barriles de madera, tenían muy buena acogida entre sus sectores más pudientes.

Las calidades menos finas tenían, de todas maneras, un excelente uso. Era un artículo preferido de los operadores en África de las empresas del tráfico de esclavos.

De manera que, en su eficiencia comercial británica, las políticas mercantilistas le permitían a los planteros producir los medios con los cuales comprar los esclavos que producirían el azúcar con la que los comerciantes británicos amasarían enormes fortunas. ¡Todo sea por una balanza de pagos saludable!

Destileria en una de las antillas britanicas.

Interior de una destilería de ron en las

antillas británicas.

Los franceses no eran tan prácticos. La fuerza política de los vinicultores logró imponer una veda a la producción de rones en sus colonias, y de esa manera proteger sus producciones de cognac. Los planteros de Saint Domingue, y de sus otras colonias azucareras, tenían que alimentar sus bueyes con estas mieles, y las que sobraban tenían que tirarlas al mar. Consecuentemente, los comerciantes franceses tuvieron que cederle a los británicos el predominio en el comercio de esclavos.

Una situación parecida ocurría con los planteros de las colonias holandesas, en este caso como resultado de las leyes que protegían la producción de ginebra holandesa.

Entran en escena los comerciantes de las Trece Colonias. Las mieles de los plantaciones británicas eran muy caras, ya que de esa manera los planteros protegían su próspera industria de destilar ron. Sin ron, los comerciantes de las Trece Colonias quedaban virtualmente excluídos del lucrativo, y codiciado, tráfico de seres humanos del África.

No les tomó mucho tiempo a los comerciantes marítimos de las Trece Colonias descubrir la enorme oportunidad económica a su alcance. Los planteros de Saint Domingue tenían en sus manos una fortuna en moneda, que se les disipaba comprándole a la Exclusif a los elevados precios de un monopolio. Las necesidades de los planteros de Saint Domingue, además, coincidían maravillosamente con los excedentes que abarrotaban los almacenes de los puertos del Atlántico de las Trece Colonias. Encima de eso, el apetito insaciable de los planteros de Saint Domingue por vidas humanas del África no podía ser atendido efectivamente por los comerciantes navales franceses, pues su capacidad de traficar en este renglón se había reducido considerablemente.

Y, para colmo, los planteros de Saint Domingue y las otras islas francesas estaban tirando cientos de miles de galones de mieles al mar.

El resultado de todos esos factores fue la implantación de una de las operaciones comerciales más exitosas que se hubiera conocido hasta esa fecha. Luego, la consecuente expansión dramática de la industria de destilación de ron, y, en poco tiempo, de refinación de azúcar en las colonias de Nueva Inglaterra y del centro. Finalmente, la inserción de los comerciantes de las Trece Colonias como jugadores de primera importancia en el tráfico de esclavos africanos.

Los comerciantes de las colonias norteamericanas llenaban sus barcos con los excedentes agropecuarios, madereros y manufacturados, y de esclavos recogidos en África, y los llevaban a Saint Domingue, donde los intercambiaban por mucho dinero, mieles y azúcares crudos, que llevaban de regreso a sus puertos de origen. Allí le llenaban nuevamente las bodegas a sus barcos, con los susodichos excedentes y mucho ron destilado en las colonias, y zarpaban para las factorías de esclavos en África. Intercambiaban el ron por africanos, y zarpaban esta vez de regreso hacia Saint Domingue, para cerrar su versión del nefasto, pero espectacularmente enriquecedor, comercio triangular. Este triángulo se repetía con cada una de las islas francesas, danesas, holandesas, y eventualmente con Cuba.

Esclavistas de las trece colonias intercambian armas y ron por seres humanos.

Los contrabandistas de las Trece Colonias

británicas penetraron exitosamente el tráfico

de esclavos para las Antillas, especialmente

Saint Domingue. En el grabado, los esclavistas

intercambian armas y ron por seres humanos.

Era de esperarse que los plantadores británicos no tardaran en poner el grito en el cielo. O en el Parlamento inglés, donde sus protestas producirían mejores resultados. En esa época, los planteros británicos ejercían un considerable poder político. Algunos de ellos eran miembros muy influyentes de la Cámara de Comunes. Sus iracundas protestas lograron que el Parlamento promulgara, en 1733, la Ley de las Mieles (“Sugar and Molasses Act”), cuyo objetivo principal era aplacar la furia de los planteros, coartando la libertad de los comerciantes marítimos de las Trece Colonias para comerciar con las colonias de las otras potencias europeas, mediante la imposición de elevadas tarifas sobre las mieles “extranjeras”.

La Ley de las Mieles obtuvo dos resultados; uno a corto y otro a mediano plazo. Consiguió que inmediatamente los planteros se sintieran satisfechos con el poder que podían aún ejercer en Londres. Un poco más tarde, no obstante, se evidenció que el verdadero resultado de la Ley había sido el desarrollo descomunal del mayor comercio clandestino, la mayor y más productiva operación de contrabando jamás vista. En detrimento del Tesoro británico, los comerciantes de las Trece Colonias traficarían ilícitamente con todas las colonias de todas las potencias europeas, burlándose del Parlamento y de la armada británica, la más poderosa del mundo en aquel momento.

El resultado principal

de la Ley de las Mieles

fue el espectacular comercio

de contrabando que generó

la burguesía comercial

marítima de las colonias

del Norte y del Centro

con las Antillas francesas,

holandesas y españolas.

Tendrían que pasar varios años, y agravarse la situación financiera de Gran Bretaña como resultado de las interminables guerras contra Francia y España, para que el Parlamento intentara con mayor ahínco encarrilar a estos delincuentes coloniales.

Cuando lo intentó, con la Ley Azucarera de 1764, los intereses económicos coloniales que amenazó eran muy poderosos, tanto que pudieron financiar una revolución exitosa en contra de Inglaterra.

Este tema prosigue en La Ley Azucarera y la Revolución de las Trece Colonias

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