Encabezado de Ficha El Antillano
 

Auge del binomio Portugal - Holanda

Índice de fichas

Azúcar
Introducción al tema
Datos de la historia
De los árabes al mundo
El azúcar promueve la esclavitud y el capital
El impulso imperialista y el azúcar
Auge del binomio Portugal & Holanda
Las facciones burguesas en Inglaterra y el azúcar
Antagonismos entre plantadores británicos y comerciantes de las Trece Colonias
Las destilerías y refinerías en las Trece Colonias
La Ley Azucarera y la Revolución de las Trece Colonias
Las luchas por el dominio del mercado azucarero de Europa
El mercado azucarero británico y la dieta del proletariado inglés
Le sucre de canne
La sociedad colonial de Saint Domingue
Los esclavos de Saint Domingue
Los cimarrones de Saint Domingue
Las rebeliones de esclavos y cimarrones en Saint Domingue y el caso de Mackandal
La esclavitud en Saint Domingue, los abolicionistas franceses y la insurrección de Ogé
Vudú y revolución

África

Alemania

Betances

Ceuta y Melilla

España

Estados Unidos

Imperialismo

Inglaterra

Islamismo

Magnicidio

Opio

 

Le corresponde a Cristóbal Colón, entre los muchos títulos históricos que acumuló, el de “Primer Azucarero de América”. Trajo en su segundo viaje unos tallos de caña de azúcar provenientes de las Islas Canarias (en algunas versiones, de Madeira) y los sembró en su colonia de La Española.

De ahí, los colonizadores la trasladaron rápidamente a Puerto Rico y a Cuba. En 1519 se había sembrado en Jamaica (todavía española); en 1520, en México; en Brasil (colonia portuguesa) en 1522, ésta proveniente de las colonias atlánticas y africanas de Portugal; en 1533, en Perú; y en 1751 se registra la presencia de una plantación cañera en Luisiana, fundada por los Jesuítas.

No obstante la rápida diseminación de la agricultura cañera por el territorio conquistado por los españoles, fueron los portugueses los que se colocaron, durante el siglo xvi, en la cabecera mundial de la producción de azúcar de caña.

Brasil le brindó a Portugal vastas extensiones de tierras fértiles, llanas y bien regadas, aptas para la agricultura cañera. Sus colonias africanas fueron fuente inagotable de fuerza de trabajo esclavizada. De sus islas atlánticas, Madeira y São Tomé, trajeron a América las más avanzadas técnicas derivadas de las plantaciones árabes del Algarve.

Plantacion de azucar portuguesa en Brasil.

Los portugueses trasplantaron las técnicas azucareras

de sus islas atlánticas a Brasil, a donde llevaron también

la nefasta esclavitud africana.

El desarrollo de la agricultura cañera en Brasil durante los años del siglo xvi al siglo xvii fue tan rápido como voluminoso. En 1625, Portugal suministraba casi la totalidad del azúcar consumido en Europa con sus plantaciones brasileñas.

En los cálculos comerciales de la época, en 1553, São Tomé aparece con el 51% de las importaciones de azúcar en Amberes, 20% de Madeira, 10% de las Antillas, 9% de Las Canarias, 6% del Norte de Áfica y 4% de rigen indeterminado. Para 1570, se registra un 70% de São Tomé, 15% de Brasil, 5% del Norte de Africa y el restante 10% de origen indeterminado. De 1590 - 99, sin embargo, se registra un cambio considerable: se atribuye el 86% de las importaciones al azúcar proveniente de Brasil, apenas el 2% de São Tomé, y el 12% restante de origen indeterminado.

Desde que el centro cañero se había desplazado del Mediterráneo a las islas atlánticas de España y Portugal, el centro de refinación y distribución del azúcar refinado se trasladó de Venecia a Amberes. El predominio del capital mercantil y las redes europeas de distribución comercial imponían la localización de los centros de refinación y distribución, y los alejaban de los puntos de origen en el trópico. Este fenómeno se repetiría una vez predominaran las formas industrial y luego financiera del capital. Las regiones tropicales quedarían relegadas al rol de proveedores de azúcares crudos, la materia prima de los procesos, de manufactura primero, y luego industriales, que son necesarios para llevar los azúcares crudos a sus calidades refinadas, que ocurrirían en los centros metropolitanos de Europa y Estados Unidos.

Mapa antiguo de la ciudad de Amberes.

Con el predominio portugués en la producción

de azúcar crudo en su colonia brasileña,

Amberes, ciudad comercial de los Países Bajos,

se convirtió en el centro de refinación y comercio

del azúcar crudo de Brasil para los mercados europeos.

Esta prominencia de Amberes como el centro azcarero del mundo se basaba en gran medida en los aspectos innovadores del comercio que se centraba en esa ciudad, nutrida por redes familiares en las que se destacaban los nuevos cristianos, judíos conversos, muchos provenientes de la Península Ibérica y sus dominios. En Amberes se establecieron los centros de financiación y distribución con redes que abarcaban todo el norte de Europa, hasta llegar a Rusia y los reinos y principados bálticos. Cuando la producción cañera se desplazó nuevamente hacia el Oeste y se multiplicó exponencialmente en la colonia portuguesa de Brasil, Amberes pudo mantener una fuerte presencia en el mercado azucarero, a pesar de que su centro se desplazaba nuevamente, esta vez hacia la ciudad de Amsterdam.

La perdurabilidad de Amberes como centro azucarero se debe, sin embargo, a que su astuta burguesía comercial, nutrida por diversas corrientes, incluyendo un importante componente de origen judío, supo culminar y perfeccionar la tendencia heredada de combinar los centros de comercio azucarero con instalaciones manufactureras de refinado.

Los barcos de los comerciantes de azúcar de Amberes atracaban en Lisboa donde se cargaban de azúcares crudos brasileños. De ahí partían a su puerto de origen donde descargaban el crudo que se llevaba a las refinerías. Los azúcares refinados de Amberes acarreaban los mejores precios del mercado europeo.

En esta pintura se representan los barcos de los

Países Bajos, esperando turno para atracar en

Amberes, entonces una de las ciudades más activas

en el comercio marítimo mundial.

La burguesía mercantil holandesa, a través de su Compañía holandesa de las Indias Occidentales, invirtió fuertes sumas de su capital en el desarrollo de las tierras azucareras de Brasil. Felipe II de España, quien había absorbido el Reino de Portugal bajo el manto de su imperio de los Austrias, intentó suprimir todo contacto entre los colonos de Brasil y los comerciantes holandeses. La burguesía holandesa no tardó en reciprocar, auspiciando la piratería holandesa, en consorcio con los corsarios de la costa berberisca, en contra de las rutas comerciales provenientes de las posesiones de España y Portugal en América y sus barcos repletos de las riquezas extraídas del Nuevo Mundo.

 

En efecto, la primacía de Amberes en el comercio azucarero deEuropa comenzó a decaer tan pronto surgieron otros centros de refinación, primero en Holanda y después en Inglaterra y Francia. El comienzo de este proceso se halla en esa actividad de los corsarios holandeses, que hicieron la costumbre de apoderarse de las cargas de azúcar de los barcos mercantes de España y Portugal. La ciudad de Amsterdam se vio inundada de esta preciosa carga, y tuvo por necesidad que promover la manufactura de refino dada la urgencia de esconder y comercializar esta materia prima.

La primera refinería de Amsterdam se registra en 1597. En 1605, se cuentan tres firmas refinadoras en esa ciudad, que en 1622 habían aumentado a veinticinco. En 1661 operan unas sesenta refinerías, capaces de producir cantidades prodigiosas de azúcar de la mejor calidad para el mercado europeo. Tan valiosa era la producción de estas empresas que cuando una de ellas se incendió, se valorizó la pérdida del azúcar en reserva en unas tres toneladas de oro. Para entonces, el comercio azucarero holandés se había deshecho de sus raíces corsarias y se había instituído como una actividad de inmensa prosperidad legal, que mantenía cientos de embarcaciones en ruta en búsqueda de materia prima, o exportando azúcares refinados.

Los holandeses atacaron y ocuparon también las tierras cañeras brasileñas, permaneciendo en Pernambuco hasta 1654. Bajo el gobierno de Johann Maurits van Nassau-Siegen. Inspirados por el espíritu de una burguesía ascendente, impusieron sobre uno de los sistemas coloniales más arcaicos de América, de atrasadas características feudales, unas políticas inteligentes de investigación científica, desarrollo económico y administración inteligente de los recursos.

Johann Maurits van Nassau-Siegen

La Compañía holandesa no trató de sustituir a la oligarquía brasileña en su propiedad y explotación de los ingenios. Aquí, como en otras partes, a la burguesía mercantil holandesa le interesaba más comerciar los productos de las colonias de otras potencias, antes que incurrir en la pesada carga del gobierno colonial. Les interesaba, eso sí, invertir su capital en los ingenios brasileños y promover la mayor eficiencia de sus operaciones. Con este fin promovieron la inmigración de sefarditas y otros judíos conversos, herederos de la tradición azucarera del Algarve y las islas del Atlántico. En Pernambuco se constituyó una importante comunidad judía en América.

El azúcar refinado, cada vez más apetecido por los sectores pudientes de Europa, era distribuido por todo el continente a través de las redes comerciales dominadas por el dinero holandés. Anualmente se importaban a Holanda 24,000 toneladas de azúcar solamente de los ingenios de Pernambuco.

Mapa holandés de sus dominios en Pernambuco.

La burguesía mercantil holandesa prefería el comercio

a la colonización, por lo que le permitió a la sacarocracia

brasileña retener la propiedad de sus plantaciones, en las

cuales invirtió fuertes sumas de capital para su extensión

y mejoramiento.

Eventualmente, con la ayuda de los ingleses, la oligarquía portuguesa y sus congéneres criollos brasileños lograron expulsar a los holandeses de su territorio y recuperar a Pernambuco. La batalla de los Guararapes, en la que participaron amplios sectores de la sociedad brasileña, en 1649, selló la inevitable expulsión de los holandeses de Brasil, consumada en 1654. Los sefarditas fueron expulsados, y emigraron hacia el Nuevo Amsterdam, hoy Ciudad de Nueva York, donde lograron establecerse permanentemente y prosperar en el comercio y las finanzas.

Empleando tácticas de guerrilla, una combinación

de tropas nativas brasileñas y coloniales portuguesas

derrotaron a los mercenarios holandeses (en su mayoría

alemanes) en la segunda batalla de Guararapes. Los

holandeses abandonaron su pesada artillería en el campo,

que prontamente fue utilizada por los brasileños para retomar

a todo Pernambuco.

En efecto, el éxito de la combinación de la producción portuguesa de azúcares crudos con el monopolio holandés de su refinación y de la distribución del producto refinado a través de todos los mercados europeos atravezó varias etapas, pero en todas ellas rindió beneficios económicos fabulosos. La burguesía mercantil de Inglaterra resentía el predominio comercial holandés en el momento de expansión del mercado mundial del azúcar. En efecto, desde sus dominios en Brasil, los comerciantes holandeses expandían su influencia en el Nuevo Mundo, y sostuvieron una presencia importante en el comercio de azúcar de la colonia inglesa de Barbados.

No pasó mucho tiempo hasta que la burguesía mercantil de Inglaterra comenzara a dar los pasos decisivos para retarle a sus competidores de Holanda el predominio sobre el comercio azucarero. Oliver Cromwell envió una diputación a La Haya a materializar un pedido de ayuda que los holandeses le habían lanzado en su lucha en contra del reestablecimiento del poder aristocrático en la República holandesa. Su oferta, que a los holandeses les pareció descabellada, más cuando ya habían resuelto su problema diplomáticamente, incluía la unión de la República de Holanda con el Commonwealth inglés, en una potencia naval irresistible, que luego de derrotar a España, Portugal y Francia, se dividiría el comercio mundial. Los holandeses administrarían el comercio africano y asiático y los ingleses asumirían el control del comercio americano (y por supuesto, su producción azucarera). Ya la burguesía mercantil holandesa dominaba el comercio asiático y africano, así que nada tenía que ganar, pero sí mucho que perder, al entregarle a los burgueses mercantiles de Inglaterra el monopolio de los mercados americanos. Naturalmente, respondieron con una contrapropuesta tan insípida que Cromwell la tomó como una ofensa. En respuesta, el Parlamento inglés aprobó la Ley de Navegación de 1651, propuesta por Cromwell, que dio pie en un corto plazo a las guerras navales entre Inglaterra y Holanda por el control de los mares y el dominio del mercado mundial.

En la batalla naval de Gabbard los ingleses

retuvieron su control sobre el Canal de la Mancha

y extendieron su dominio marítimo al ganar el

también el control del Mar del Norte. Esa expansión

del poder naval sobre Holanda le permitió a la

Armada inglesa a imponer un bloqueo sobre los

puertos de la República holandesa, ahogando su

comercio y llevándola al borde del hambre y de la

ruina económica.

Este tema prosigue en Las luchas por el dominio del mercado azucarero de Europa.

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