Encabezado de Ficha El Antillano
 

Las destilerías y refinerías en las Trece Colonias

Índice de fichas

Azúcar
Introducción al tema
Datos de la historia
De los árabes al mundo
El azúcar promueve la esclavitud y el capital
El impulso imperialista y el azúcar
Auge del binomio Portugal & Holanda
Las facciones burguesas en Inglaterra y el azúcar
Antagonismos entre plantadores británicos y comerciantes de las Trece Colonias
Las destilerías y refinerías en las Trece Colonias
La Ley Azucarera y la Revolución de las Trece Colonias
Las luchas por el dominio del mercado azucarero de Europa
El mercado azucarero británico y la dieta del proletariado inglés
Le sucre de canne
La sociedad colonial de Saint Domingue
Los esclavos de Saint Domingue
Los cimarrones de Saint Domingue
Las rebeliones de esclavos y cimarrones en Saint Domingue y el caso de Mackandal
La esclavitud en Saint Domingue, los abolicionistas franceses y la insurrección de Ogé
Vudú y revolución

África

Alemania

Betances

Ceuta y Melilla

España

Estados Unidos

Imperialismo

Inglaterra

Islamismo

Magnicidio

Opio

 

En Nueva Inglaterra se destilaban las mieles de caña para consumo local desde muy temprano. Los habitantes de las Trece Colonias eran impresionantes consumidores de ron. En 1770, el consumo anual promedio por cada hombre blanco libre era de 21 galones. Aún admitiendo las pequeñas dosis que se le brindaban al esclavo negro como suplemento a la dieta, y que tal vez las mujeres blancas —a espaldas de sus patriarcales maridos— también disfrutaban del trago, las cantidades de ron consumidas por los colonos eran asombrosas. Durante ese año se consumieron 7.5 millones de galones de ron y se exportó un millón de galones.

La mitad del ron consumido era importado, 90% del cual procedía de las Islas Azucareras inglesas, 8.7% de las islas danesas y 1.3% de las islas francesas. Éstos eran de muy superior calidad a lo que se destilaba en Nueva Inglaterra, pero su precio era aproximadamente el doble. El ron barato, de inferior calidad, producido localmente, sin embargo, era suficientemente bueno para los estratos sociales de menos recursos, para el comercio con las tribus nativas, y para el intercambio por esclavos en las factorías de la costa africana.

El desarrollo de la actividad esclavista en las Trece Colonias, y su emparejado fenómeno de la producción de rones tenía raíces complejas. La incapacidad de los comerciantes marítimos de Francia de suministrarle a sus colonias azucareras los insumos de produccción —incluyendo los esclavos africanos que esta economía consumía de la manera más bárbara— le creó a los comerciantes marítimos de las Trece Colonias una oportunidad que no podían desaprovechar. Estos colonos, más que comerciantes (y luego Padres Fundadores de la República), eran maestros piratas y contrabandistas, y prosperaban abundantemente al margen de las leyes y los poderes de la época.

Durante la Guerra de los Siete Años, el 6 de junio de 1762, Inglaterra atacó a La Habana con una fuerza de 200 barcos, 2000 cañones y 14,000 soldados, reforzados con tropas coloniales de las Trece Colonias. Capturaron el Castillo de El Morro y desde ahí bombardearon la ciudad, causando graves daños y considerables bajas en la población civil. Después de capitular la plaza, los españoles se retiraron de la ciudad, que fue ocupada por el ejército inglés. La ocupación se extendió por 11 meses, durante los cuales los azucareros cubanos experimentaron el efecto estimulante del comercio libre, el cual añoraron por muchos años. Los comerciantes de las Trece Colonias —y posteriormente sus suscesores yankis— tampoco olvidaron los beneficios del comercio cubano que disfrutaron, más que nadie, durante los 11 meses de ocupación inglesa.

Con la captura del castillo de El Morro,

valientemente defendido, los ingleses forzaron

la rendición de la plaza de La Habana, la que

ocuparon por 11 meses hasta intercambiarla por

el territorio de La Florida. La ocupación de

La Habana significó para la oligarquía azucarera

cubana una excitante época de comercio libre y fácil

acceso al mercado mundial del azúcar. Para los

comerciantes marítimos de las Trece Colonias

significó la legitimación y expansión de un

comercio que ya habían iniciado al margen de las

leyes de Inglaterra y España.

Las mieles cubanas se convirtieron en la materia prima preferida de los contrabandistas de las Trece Colonias, tradición que perduró largamente. Como nota al calce, vale la pena recordar que Joseph Kennedy, padre de quien presidió sobre la derrota de Playa Girón, y que llevó al mundo al borde de la guerra termonuclear durante la llamada Crisis de Octubre, amasó su fortuna millonaria (con la que le compró la presidencia a su hijo) como jefe de una lucrativa operación de contrabando de mieles cubanas a Estados Unidos durante los años de la Prohibición.

Pero, volviendo atrás, ya en 1750, Massachussets tenía más de setenta destilerías, y unas treinta en Rhode Island. Para 1760, la producción de ron era una de las principales actividades económicas de la región. En 1770, en Nueva Inglaterra, se produjo cerca de 4.8 millones de galones de ron. El ron de Nueva Inglaterra constituyó el ingrediente principal del comercio triangular, y por consecuencia, el combustible que movía el excedente pesquero, agropecuario y manufacturero de las Trece Colonias a mercados con dinero para absorberlos, y con mercancías apetecibles para intercambiarlos. En efecto, ese intercambio, legal o ilegal, producía mucho dinero y muchas mieles, muy baratas. Las mieles se convertían en ron y el ron en esclavos para las colonias “extranjeras”. El dinero de las colonias francesas, holandesas, españolas y danesas que fluía hacia las Trece Colonias en esa corriente comercial alimentada por el ron y el tráfico de esclavos, le servía a las colonias de Nueva Inglaterra y las colonias del centro para amasar fabulosas fortunas, y para importar manufacturas de Inglaterra, sin perder el equilibrio en la balanza de pagos con la Metrópoli. Sin el ron, toda esa maquinaria comercial tan exitosa se paralizaría instantáneamente.

Barcos cerca de Boston.

Barcos de los comerciantes marítimos

de Boston, al fondo, aguardan su turno

para zarpar de, o atracar en, el congestionado

puerto de esa ciudad.

En este tráfico triangular, casi inadvertidamente al principio, subió a bordo otro artículo que a largo plazo tomaría una importancia comercial gigantesca. Además de mieles, las colonias “extranjeras” vendían algo de azúcares crudos a los comerciantes de las colonias de Norteamérica. Esto estimuló la industria de la refinación de azúcar en las colonias de Nueva Inglaterra y las colonias del centro. La primera actividad de refinación de azúcar que se registra en los historiales de tributos aparece en Boston en 1721.

Cuatro años más tarde apareció el registro en Nueva York de un permiso privilegiado (sin competidores) a un Robert Hooper, para que éste inviertiera en la construcción de un taller de refinación de azúcar para el mercado local. En 1728 se materializó la primera evidencia de una operación de refinar azúcar en Nueva York, entre las calles William y Nassau, propiedad de Samuel Bayard.

El 10 de agosto de 1730, apareció en New York Gazette un anuncio con el siguiente texto:

"Public notice is hereby given that Nicholas Bayard of the City of New York has erected a Refinery House for Refining all sorts of Sugar and Sugar-Candy, and has procured from Europe an experienced artist in that Mystery. At which Refining House all Persons in City and Country may be supplied by Whole-sale and Re-tale with both double and single Refined Loaf-Sugar , as also Powder and Shop-Sugars, and Sugar Candy, at Reasonable Rates."

Llama la atención el énfasis que se le presta en el anuncio a la importación de un maestro azucarero de Europa, como requisito esencial para poder promocionarse como un verdadero manufacturador de azúcar, ya que dicho experienced artist es conocedor del Mystery de la alquimia azucarera. En efecto, para estos años el negocio del refinado estaba basado en el régimen artesanal de maestros y aprendices, y cada casa refinadora le imponía su marca de origen a su producto, ya que cada refinador producía un azúcar ligeramente diferente al otro, y el público establecía sus preferencias mediante su demanda de una marca o la otra de azúcar en el mercado.

Esto ocurre en medio de una época que inicia una dramática expansión del mercado mundial azucarero, y con el alza en la demanda del producto, una considerable elevación de los precios. En efecto, desde fines del siglo xvii, el azúcar se había convertido en el primer producto básico del comercio mundial. Ocupaba el primer lugar en importancia sobre la base del valor total de las transacciones del comercio internacional. El año 1701 se distingue comercialmente por haber alcanzado el azúcar un precio tope que no es sobrepasado hasta noventa años más tarde como consecuencia de la revolución de los esclavos de Saint Domingue.

Una vez despegó el comercio triangular, comenzaron a proliferar las refinerías en toda la región desde Baltimore hasta Boston. En 1754, Peter Livingston fundó una refinería en Nueva York; en 1763 hizo lo mismo Henry Cutler. Las viejas familias fundadoras de Nuevo Amsterdam expandieron sus operaciones o inviertieron en nuevos negocios; entre estos patriarcas se hallaban nombres como los de Isaac Roosevelt (pariente de Teddy y tatarabuelo de Franklin Delano) y los Van Cortland, que establecieron su refinería cerca del Trinity Church, en el vecindario de Wall Street.

El primero de los Havemeyer, llegado de Inglaterra en 1802, poco después de haberse constituído la República, para servir un contrato de cinco años con la refinería de la familia Seamen, fundó su propia refinería en Nueva York en 1807, después de cumplir su contrato como maestro azucarero. Los Havemeyer se constituirían en la más poderosa dinastía monopolística del azúcar, y en propulsores de la rapacidad imperialista de Estados Unidos. Pero ésa es una historia que pertenece a otras etapas de la evolución de la economía mundial. Esa República imperial, que irrumpe en la historia en los últimos años del siglo xix, en esta época colonial del siglo xviii aún se estaba gestando al calor del ron y el contrabando.

Estas páginas tienen un propósito puramente educativo. Empleamos referencias visuales extraídas de diferentes fuentes impresas y del internet. Si usted tiene algún derecho sobre estas referencias que quiera ejercer, cumpliremos con el mismo inmediatamente. Por favor comuníquenos su reclamo a betances@mspr.net. Gracias.