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La comunidad cubana en París

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Al estallar la guerra en Cuba en 1868, comenzaron a llegar a París los primeros exiliados políticos, perseguidos por las autoridades españolas. A éstos le siguieron los hijos de los inmensamente ricos hacendados azucareros. El mayor número de exiliados, especialmente los de origen trabajador, y los pequeño-burgueses profesionales, fueron a tener a Estados Unidos, México, las Antillas, y a Centro y Sur América. Pero los sectores más privilegiados miraron hacia Europa, y entre las capitales del continente, París era la más afín a sus intereses y costumbres. Después de la paz del Zanjón, a estos cubanos de clase alta comenzaron a añadírseles otros de diferentes extracciones sociales. Al comenzar la década de los 1890s, ya existía un asentamiento de una colonia cubana en París que era numerosa, estable y diversa.

El 24 de febrero de 1895, estalló el Grito de Baire, y comienza la segunda guerra de independencia cubana. Rápidamente aumenta el exilio cubano en París. La comunidad cubana se sintió atraída a la riqueza cultural y científica de la capital de Francia, lo que tuvo más peso en su permanencia en esa ciudad, realmente, que cualquier otra consideración de índole político.

¿Cómo era el París de la época? Como centro de actividad intelectual, París realmente no tenía rival en Europa. No obstante, Francia era un país derrotado y humillado, con una de sus provincias anexada por Alemania. Más importante aún, detrás del telón de la Tercera República , se fraguaba una intensa lucha de clases. Nadie olvidaba, aunque el tema era de evitarse, la monstruosa represión de la Comuna de París. Los marginados guardaban ese recuerdo como un carbón encendido de odio de clases, y la burguesía temblaba ante cualquier asomo de poder popular en la vida pública.

En ese ambiente se desenvolvía una colonia cubana de unas 300 personas, número que incluía cubanos de todas las inclinaciones políticas. La mayoría de ellos logró transplantar a París las mismas relaciones sociales que existían en la Isla. Los rentistas azucareros continuaron su fastuoso y aristocrático estilo de vida, y los profesionales continuaron ejerciendo con éxito, muchos de ellos brindando servicios a “sus mejores”.

La composición social de la colonia abarcaba desde los inmensamente ricos, hasta los acomodados; era 100% blanca. No existían sectores de obreros asalariados, ni artesanos, ni campesinos, ni comerciantes detallistas. A los rentistas, se añadía un séquito de profesionales, que reflejaban juntos la visión de mundo de la gran burguesía azucarera, y de la pequeña burguesía profesional cubana.

Entre ese sector de la alta burguesía cubana deben mencionarse algunos nombres notables: Marta Abréu, Ignacio Angulo, y los Terry: Andrés, Antonio, Francisco y Emilio. Este último se destaca como el “primer productor de azúcar del mundo”, y se convertirá en un personaje “de importancia” en la República de Cuba.

Se puede adelantar que, a pesar que con sus fortunas lograron colocarse en primera fila una vez se ganó la independencia, sus aportaciones económicas a la lucha revolucionaria siempre estuvieron por debajo, muy por debajo, de sus capacidades económicas. Unos fueron más generosos que otros, pero ninguno llegó al sacrificio económico, y mucho menos al sacrificio personal, por la causa patriótica.

Del grupo de pequeñoburgueses profesionales, que incluía científicos, abogados, artistas, escritores y médicos, éstos eran los más numerosos. Los abogados, a pesar de ser menos, sin embargo, fueron muy influyentes en la política de la colonia. Los artistas, periodistas y escritores también estuvieron activos políticamente. Todos se entrelazaban profesional y familiarmente con la gran burguesía, a la que imitaban con sus gustos, hábitos y costumbres.

Éste era el ambiente en el cual el doctor Betances ejercía sus funciones como delegado del Partido Revolucionario Cubano en París.

 

Esta ficha fue revisada en 07.01.08 10:39 PM

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