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Los protegidos

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El establecimiento de funcionarios extranjeros en las aduanas y de un mayor número de comerciantes en los puertos alteró las reglas de la “economía moral” tradicional. Los extranjeros tenían el derecho de declarar a sus empleados y colaboradores nativos como “protegidos”. Los protegidos obtenían el beneficio de la exención de impuestos, y quedaban exentos también de la jurisdicción ordinaria.

Lógicamente, el sistema benefició, en primer lugar, a los más adinerados. La circunstancia de que el “derecho” de protección fuese hereditario, y de que muchas familias de origen judío adquiriesen la condición de protegidos, alimentó el resentimiento entre la población musulmana y su malestar contra las autoridades del sultanato que permitían tal estado de cosas.

El gobierno de Marruecos luchó repetidamente por erradicar el derecho de protección, que consideró como uno de los aspectos más amenazantes de la penetración extranjera. Éste fue, concretamente, el asunto que provocó la convocatoria de la Conferencia Internacional celebrada en Madrid en 1880, que reunió a los representantes diplomáticos marroquíes y a toda una serie de países con intereses comerciales en el reino alauí. Sin embargo, la conferencia de Madrid no sirvió para solucionar el problema de los protegidos. Aunque asentó la práctica de la protección como un principio de las relaciones entre los países europeos y Marruecos, sólo se limitó a corregir algunos de los casos de abuso extremo de los protegidos. La penetración comercial, inducida, en parte, para atender el pago de la deuda externa, se transformó así, paulatinamente, en penetración colonial, afectando todo el tejido de relaciones sociales.

Los españoles se convirtieron en la población extranjera más numerosa en Marruecos. Las misiones religiosas abrieron conventos e iglesias en Tánger, Tetuán y Fez. A través de los interventores de aduanas, el Ministerio de Hacienda consiguió mantener el acarreo de caudales desde la otra orilla del Estrecho. El Ministerio de Estado, mediante la red consular centrada en los puertos marroquíes, estableció un flujo de noticias relativamente eficiente para evaluar la situación política y social del Magreb. Sin embargo, la influencia de España en Marruecos se vio menguada por las propias limitaciones de la economía española de la época y por las recurrentes crisis políticas que afectaron al país.

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