banner boricua

La Manigua en El Boricua

El jueves 5 de abril nuestra Editorial El Antillano y El Boricua, popular lugar de entretenimiento, bebida, picadera y tertulia informal en el corazón de nuestra ciudad universitaria, aunamos esfuerzos para celebrar el natalicio de nuestro venerado revolucionario: el Doctor Ramón Emeterio Betances. De esta manera servimos de cálida antesala a la jornada de celebraciones que, en honor a “El Antillano”, tuvieron lugar en Mayagüez y Cabo Rojo durante ese fin de semana.

Aunque espontáneo y con muy poco tiempo de preparación, nuestra celebración del natalicio de Betances en Río Piedras desató una entusiasta respuesta entre los invitados y los asiduos “clientes en residencia” de los jueves en El Boricua.

Collage1

La actividad estuvo salpicada de gratas sorpresas, atinados comentarios e inspiradas expresiones poéticas y musicales. El profesor universitario Roberto Mori bautizó el acto diciendo con elegancia de catador de la historia que lo ocurrido allí fue “La Manigua en El Boricua”, aludiendo a la guerra revolucionaria por la independencia de Cuba y Puerto Rico; a la cual Betances “El Antillano” dedicó toda la vitalidad de su energía política, y todos sus recursos personales, profesionales y económicos, hasta sus últimos años de vida en París.

Nos regalaron su presencia Félix Ojeda Reyes y Paul Estrade, los dos historiadores más prominentes de Betances, quienes se encuentran dándole los toques finales a lo que será la edición más completa de la obra escrita de Betances. La obra consistirá de quince volúmenes que darán firme testimonio de la expresión del revolucionario antillano como: científico en el campo de la medicina, artista literario creador de obras de teatro y poesía, publicista político a través de notables intercambios en entrevistas con la prensa europea, caribeña y norteamericana, y desde luego, como estratega político y militar dentro del movimiento revolucionario en las Antillas.

Collage2

Estrade, autor del ya clásico trabajo: Solidaridad con Cuba libre, 1895-1898: la impresionante labor del Dr. Betances en París, nos sorprendió gratamente haciendo alarde de la camiseta que vistió esa noche, anunciando el perenne mensaje betancino: “Querer ser libre es empezar a serlo”. Ojeda Reyes se mantuvo sonriente ante el continuo despliegue de curiosidad por el tema que ha ocupado su pasión historiográfica durante las últimas décadas. Gracias a ese esfuerzo podemos disfrutar hoy de ese tesoro iconográfico y documental titulado El Desterrado de París Biografía del Doctor Ramón Emeterio Betances (1827-1828), y muchas otras publicaciones esenciales sobre el tema del insigne revolucionario puertorriqueño.

No obstante, los prominentes historiadores optaron por compartir en privado con otros concurrentes, cediéndole el protagonismo de la tarima a los artistas boricuas del patio; quienes encendieron las pasiones con poesía y música que pensamos le dibujarían una modesta sonrisa a nuestro venerable homenajeado.

Collage3

En su turno al bate, los protagonistas en la tarima del Boricua tuvieron de telón de fondo una bien sentida memoria pictórica de nuestro Antillano mayor. En contrapunto con el mencionado memorial articularon su canto agridulce desde la experiencia boricua hoy.

La tarima de esa noche se bautizó con la afrodinámica voz de Welmo, nuestro ya conocido y muy querido rapero quien, con su voz urbana de hoy, lanzó el primer saludo a la memoria del galeno revolucionario diciéndonos:

“Pueblo, exprésate.
Pueblo, exprésate.
Pa’ que sepan que no hay ruido que pueda acallar,
esto.

Dime, dime.
Pueblo, Exprésate....
Caminando voy,
buscando
la respuesta
de esta vida,
que tanto cuesta.
Y pa’ subirla,
es una cuesta.

Muchos se quejan,
otros apuestan,
por la lucha.

Escucha,
y actúa.
Camínalo, camínalo.

Necesito aire,
Necesito alguien.
Necesito con quien,
Poder hablar,
pa’ saber,
si esto me pasa,
sólo a mí.

Pa’ saber,
si la vida es así,
tan injusta,
pa’l que no se ajusta.
Pa’ la que busca más allá,
de la norma,
y no se conforma.

Porque no hablamos,
y nos gritamos,
y nos callamos.

Es que nadie sabe lo que pasa,
o sabemos pero igual se acata...”

Nuestro juglar rapero abonó otros regalos a la memoria de nuestro Antillano mayor cuando en otra saeta poética musical nos lanzó:

“No es secreto mi gente.
Todo el mundo sabe que a Justicia le cambiaron las
vendas,
por bifocales,
con mi sueldo.”

En otro momento, martilló la voz con firmeza:

“Acción, acción, acción,
acción, acción, acción”

Fluyendo en verbo musical urbano boricua, afirmando:

“Busca, actúa, escucha, lucha, rompe, empuja.
Siempre duda.
Cuestiona, reacciona.
Cuestiona.

Acto seguido, surgió la espontánea presencia de Juan E. Domínguez, un poeta ponceño de lenguaje afroantillano y jíbaro quién nos proveyó un puente para conectarnos con la memoria épica de nuestro pasado rebelde no muy lejano. Comenzó recordándonos a nuestro Antillano mayor, cuando el galeno, ya anciano, en reacción a las promesas de la invasión yanki en el 1898 dijo:

“Puerto Rico está en una borrachera completa. Es el espectáculo más triste. Grandes y chicos celebrando las libertades que creen tener y no tienen. Ellos se han cansado de llamarnos locos y ahora nosotros podemos mirarlos casi con compasión”

El poeta se tornó entonces en declamador y nos regaló “Una Espada para Betances”, un poema que Juan Antonio Corretjer escribió y dedicó a Betances [transcripción de la grabación].

“Cuando en Cabo Rojo pienso
mi corazón mi cabeza,
unen otra,
el canto empieza.

Y a chispas de un amor incienso
Las imágenes que el lienzo
de su figura me ofrece.
Y ya mirar me parece,
allá por sierra bermeja,
un Quijote que apareja
su Rocín cuando amanece.

Desde el faro,
veo la ardiente
fantasía de las olas,
envueltas en aureolas
de un rojizo sol poniente.

Allá va en vuelo mi mente,
En homenaje hacia ti.
Con todo lo que hay
en mí de legendario sufragio,
Que salvó de su naufragio
al corsario Cofresí.

No hubo mar en que se hundiera,
ni bala que lo matara.
Porque siempre lo salvara,
La luz de aquella bandera.

Que no sabe como fuera,
el pueblo que lo ama y canta,
que lo recuerda y levanta,
de la injuria y el olvido.
Y en su corazón sufrido
un Cofresí se agiganta.

Relampagueó un día
en las anchuras de España,
hombre fiero y de mala maña,
de fuego y sangre el alarde,
no fue de pecho cobarde,
fue de temple duro y fiel,
de Cabo Rojo a Teruel,
que en medio de la batalla,
triunfó sobre la metralla,
nuestro Jorge Carbonell.

Traigo los ojos muy fijos,
muy claro mi pensamiento.
al hermoso monumento
de aquel de quien somos hijos.

Hago brujos regocijos,
con sus patrióticos lances.
con sus luchas,
con sus romances,
y espurias de pueblo esclavo,
traigo una espada y la clavo,
frente al busto de Betances.”

Ya cálidos con los homenajes introductorias de Welmo y Juan Domínguez continuó la manigua cultural al son de Tito Matos y sus colegas pleneros de Viento de Agua, quienes incendiaron mas los ánimos adornando el natalicio del Antillano con sones de güiro, pandereta y canción plenera. Luego de un maratón plenero que subió la temperatura de todos los presentes, Yeyo, uno de los pleneros “residentes” del Boricua incitó al Tito y al grupo a cantar:

“Han revolcado el hormiguero,
Asesinando al jardinero.
Pero sus flores alzan vuelo y van,
en busca hacia lo verdadero.”

La alegoría al recién asesinado revolucionario Filiberto Ojeda dio pie a Ikol Santiago, quien engalanado de una camiseta con el semblante de Betances se declaró asiduo lector de 1898 y de RABIA, exhortando al público a que se unieran a nuestro círculo de lectores. Ikol procedió entonces a seguir echándole leña al fuego de la memoria histórica abriendo su acto con el siguiente poema [transcripción de la grabación]:

“Fuimos las manos que tuvieron
tacto con fruto esencia,
sudores tan amargos,
es dulzón nuestra presencia.

El trapiche nos combina
en la distante diferencia.
En aquel cañaveral se esconde
un plan de contingencia.

Horca, látigo, el cepo y los collares.
Somos esclavos,
Hombres, mujeres,
niños bozales.

Dieciocho horas diarias
durante la zafra.
En el partido de Ponce
se conspiró la esperanza.

Fue en la noche de San Pedro
con bomba y maraca.
Protestamos,
nos jartamos.

Rostro de malaria,
generación consumida
por la rebeldía.
abuso tras abuso
nos fortalecía.

Hombres como Hilario y Narciso
fueron guía.
Ruíz Belvis y Betances
que culminarían
la abolición de estas cadenas
que hoy arrastro
con mis pies.

No mucho ha cambiado.
Es que se siente
y se ve.
No mucho ha cambiado,
es que se siente.”

Para cerrar con verdadero espíritu betancino Ikol se declaró oriundo de “Pueblo inquieto”.

“Yo soy del pueblo inquieto
en busca de lo escaso,
de lo deteriorado,
violado,
abusado.

Hacen falta más soldados,
sin el camuflaje
para alizar el drenaje,
de este abundante chantaje”

Nada más con los testigos. La noche del 5 de abril de 2007 en El Boricua produjo una caliente manigua cultural. Una vez más comprobamos que las voces de la calle y las de la academia pueden andar de manos si estamos dispuestos a escucharnos en la acción cultural, y en la visión política de una sociedad y un País liberados.