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En los episodios anteriores, el espía español se ha ido acercando al escenario final de sus aventuras. De la conspiración a la infiltración, de la simulación al asesinato, nuestro personaje principal regresa a España cuando la nave que lo transporta a La Coruña hace su parada de rigor en el puerto de San Juan de Puerto Rico. Allí, recibe un mensaje criptográfico. Sus verdaderas aventuras están por comenzar.

Su misión en Puerto Rico es ganarse la amistad, y vigilar de cerca, al caudillo criollo que ha maniobrado hábilmente hasta hacerse de las riendas del mayor poder que ningún puertorriqueño haya gozado en la colonia hasta ese momento.

No advino a ese poder sin pagar un precio. La administración de la colonia, sus puestos y su presupuesto, se convirtieron en conjunto en la manzana de la discordia entre los otrora aliados autonomistas. La comunidad política criolla se escindió entre los que pactaron con Sagasta y la monarquía y los que prefirieron reclamar el manto de pureza de la doctrina republicana. Muñoz Rivera encabezó un bando y Barbosa el otro, en una danza macabra de permanente rivalidad que trascenderá el dominio de España sobre Puerto Rico.

Realmente, la sociedad entera erupcionaba al desbordarse los conflictos que se habían acumulado por siglos. Según se extinguía el asfixiante sistema represivo de España, las presiones sociales de la colonia se transformaban en luchas abiertas que amenazaban con deshacer los vínculos de consentimiento y compulsión.

El bloqueo impuesto sobre el tráfico marítimo por las escuadras de la Armada de Estados Unidos causaba la escasez de víveres y otros artículos de primera necesidad. Cundía el hambre entre las clases más necesitadas en el campo y las ciudades. Aumentaba la desocupación en la agricultura y el comercio, y aquéllos que tenían sólo su capacidad de trabajar como medio de subsistir se confrontaron con opciones radicalmente reducidas: actuar directa y violentamente, organizarse como clases para imponerle sus reclamos a la sociedad… o morir de hambre y desamparo.

Ése fue el primer objetivo militar yanqui: rendir por hambre a la población del país, y sacudir la autoridad española sobre su colonia.

No pasó mucho tiempo antes que los guerreros de la república del Norte escalaran su ofensiva en contra de la población de la Isla caribeña. Su bombardeo general de la ciudad de San Juan, mucho más allá de los objetivos militares, fue motivo de terror entre los puertorriqueños que habitaban las ciudades de la costa.

En ese escenario, Alfonso Ruiz Bassen parece haber encontrado un rayo de esperanza en su vida. ¿Se trata de una treta para acercarse más a su presa, o ha encontrado su propia alma? Quien se ha conducido todo el camino como un psicópata homicida, ¿puede haber hallado el camino hacia su propia humanidad?